Los niños y adolescentes pueden utilizar inteligencia artificial para resolver dudas, crear imágenes o practicar idiomas. Pero una conversación aparentemente informal puede incluir datos personales, fotos, trabajos escolares o información sobre salud. La privacidad de los menores ante la IA necesita hábitos claros y supervisión acorde a la edad.
Qué cuenta como dato personal
No se limita al nombre y al DNI. También puede identificar o describir a un menor:
- una fotografía o grabación de voz;
- el nombre del colegio y la clase;
- la dirección o ubicación;
- horarios y rutinas;
- notas y dificultades de aprendizaje;
- informes médicos o psicopedagógicos;
- conversaciones privadas;
- nombres de familiares y compañeros;
- cuentas, contraseñas e identificadores de dispositivo.
Incluso varios datos aparentemente inocentes pueden combinarse para identificar a una persona.
La regla de las cinco cajas cerradas
Una norma familiar fácil de recordar es no introducir en una IA:
- identidad: nombre completo, documento, rostro o voz;
- ubicación: dirección, colegio, ruta y horarios;
- salud: diagnósticos, medicación o informes;
- intimidad: conflictos, conversaciones o imágenes privadas;
- acceso: contraseñas, códigos y datos bancarios.
Si una tarea parece exigir alguno de estos datos, el menor debe detenerse y consultar a un adulto.
Antes de autorizar una herramienta
Revisa estas preguntas:
- ¿Para qué edad está diseñada?
- ¿Qué información necesita para funcionar?
- ¿Obliga a crear una cuenta?
- ¿Cómo utiliza las conversaciones y archivos?
- ¿Comparte datos con terceros?
- ¿Los emplea para entrenar o mejorar modelos?
- ¿Durante cuánto tiempo los conserva?
- ¿Cómo se eliminan la cuenta y los datos?
- ¿Hay publicidad o personalización comercial?
- ¿Dispone de controles familiares?
Una política de privacidad larga no es una garantía por sí sola. Busca respuestas concretas y comprensibles.
Configuración inicial en familia
La primera sesión debería realizarse juntos:
- utiliza la mínima información necesaria;
- elige un alias si no se requiere identidad real;
- desactiva historial o entrenamiento cuando la opción exista y sea conveniente;
- revisa permisos de cámara, micrófono, contactos y ubicación;
- configura controles y límites;
- ensaya cómo reportar una respuesta dañina;
- acuerda qué usos necesitan permiso.
Evita que el navegador guarde contraseñas en dispositivos compartidos sin perfiles separados.
“Anónimo” no siempre significa que no haya datos
Aunque el alumno no escriba su nombre, el servicio puede recibir información técnica, como dirección IP, dispositivo o patrones de uso. Además, el propio contenido puede identificarle: “Soy el único alumno de 2º B que…” ya ofrece contexto.
Por eso es preferible aplicar minimización: compartir solo lo imprescindible y sustituir detalles reales por ejemplos ficticios.
Qué hacer con trabajos, exámenes y fotos
Antes de subir un documento:
- elimina nombres y metadatos;
- recorta partes innecesarias;
- comprueba que no aparecen otros alumnos;
- pide autorización si el archivo pertenece al centro o a otra persona;
- evita informes y comunicaciones privadas;
- utiliza el canal aprobado por el colegio.
Una foto de una ficha puede mostrar, además del ejercicio, el nombre del niño, el aula o una nota manuscrita del docente.
Cómo hablar de privacidad sin generar miedo
El mensaje “todo es peligroso” no enseña a decidir. Resulta más útil explicar que los datos tienen valor y que, una vez compartidos, puede ser difícil controlar su recorrido.
Prueba preguntas como:
- “¿Necesita realmente saber esto para ayudarte?”
- “¿Te sentirías cómodo si lo leyera otra persona?”
- “¿Puedes plantear la duda sin contar quién eres?”
- “¿Ese archivo es solo tuyo?”
La meta es que el menor desarrolle criterio y pida ayuda cuando haya dudas.
Si ya se compartió información sensible
Mantén la calma y actúa:
- deja de añadir información;
- guarda evidencia si existe riesgo o contenido dañino;
- elimina conversación y archivo cuando sea posible;
- revisa opciones de cuenta y solicita la supresión;
- cambia credenciales si se compartieron;
- informa al centro si afecta a datos escolares;
- busca asesoramiento de protección de datos si el incidente es relevante.
No castigues al menor por contarlo. Una reacción desproporcionada reduce la probabilidad de que pida ayuda la próxima vez.
Privacidad y aprendizaje personalizado
Personalizar no debería significar recopilar todo. Un sistema puede adaptar dificultad con información limitada sobre respuestas y progreso. UNICEF destaca la minimización, la transparencia y el control como principios de una IA centrada en la infancia.
NURA ofrece un entorno educativo con gestión adulta y controles de uso. Como en cualquier servicio, las familias deben conocer la configuración, utilizar contraseñas seguras y enseñar a sus hijos a no compartir información innecesaria.
Fuentes y lecturas recomendadas
- UNICEF: Guidance on AI and Children, versión 3
- UNICEF: protección de datos en centros educativos
- AEPD: menores, salud digital y privacidad
Siguiente lectura: cómo elegir una plataforma educativa segura.
